
Esta semana ha empezado bien. Un poco con la resaca del enfado del otro día pero he ido con más ganas. He estado toda la semana de turno de mañana, algo que prefiero como ya he dicho varias veces ya que salir a las 15:30 luego me da tiempo de hacer cosas para el resto del día.
El trabajo fue bien. Sigo perfeccionando el trabajo de cada turno, sobretodo el de mañana. Trabajar con compañeros que te llevas bien con ellos ayuda a que la mañana pase bien y cómoda. Hay algún mal rollo entre algunos de ellos pero yo siempre me mantengo a expensas de los problemas internos para no meterme.
Además esta semana se le ha incluído una pequeña salida entre compis de trabajo que me ha dado mucha alegría ya que aquí, del trabajo a la casa y de la casa al trabajo normalmente. Nadie le gusta salir luego a tomarse una cervecita antes de irse a casa y yo eso lo echo mucho de menos desde Sevilla...
Nos fuimos Alex, Sara y yo. Nos fuimos a un bar al que suelen ir alguna gente después del trabajo, chiquitito, acogedor pero con camareros algo antisociables. Nos quedamos charlando del hotel, los trabajos, el ambiente, los progresos, etc. Es a partir de estas conversaciones que empiezo a tener dudas de quedarme trabajando allí.
Al final, resulta ser que no soy tan mal recepcionista como pensaba al principio. He conseguido que los superiores piensen que tengo valor en la recepción, que estén contentos por las ventas que hago en los upsellings de habitaciones y aunque muchas veces me riñen por mis despistes, se que los clientes están contentos conmigo y eso se nota.
Tiempo de dudas.
Después de las dudas de mi cabeza empecé a sopesar los pros y contras de cada decisión.
París, Meliá, contrato. Es una opción que me hicieron dudar a partir de ese día. Sería cambiar de vida. Dejar la universidad por un año para quedarme en el seno de la cadena hotelera que llevo soñando desde chiquitita.
Se que no es el trabajo de mis sueños ser recepcionista. Pero aprendo mucho, se coge experiencia y además para el curriculum es algo llamativo y tentador.
Vivir en otro idioma requiere esfuerzo pero mejorarlo a niveles gigantes. El francés que empecé en septiembre podría considerarse mucho mayor al salir de esta aventura.
Por otro lado, el crecimiento y progreso profesional. Para mí, muy importante en esta etapa de nuestra vida en la que la prioridad es encaminar nuestro futuro en algo que nos haga felices y valorarnos como trabajadores.
Un contrato de trabajo también supondría una ganancia monetaria. Ganar dinero propio sería por fin la independencia paternal y vivir bajo tus lazos. Algo que llevo esperando bastante tiempo. Poder servirme por mí misma es algo importante para mí a estas alturas de mi vida.
Por otro lado no quiero olvidar los contras... Sol, buen clima, amigos, terrazas, cervecitas a 1€, tapitas, novio cerca, comodidades, etc. Sería perder todo eso durante el tiempo que estaría aquí. Ya que aquí, al irse mis amigos de erasmus, no tengo una pandilla de amigos con los que pueda hablar así más íntimamente.
Mi segunda opción es Granada. Volver a España como realmente iba a hacer cuando me vine de Erasmus. Acabar el curso y volverme a España a acabar la carrera en Granada y tener mi título de Turismo.
Todos los contras de la primera opción se volverían los pros de ésta otra. Podría también trabajar al mismo tiempo que estudio para así poder seguir ganando dinero y poder pagarme mis gastos yo misma.
Pero claro, no olvidemos que sacarse una carrera a la vez que se trabaja no es facil y más si vives en Granada, una ciudad soleada y llena de ambiente para salir. Sería difícil también como forma de organización en la época de éxamenes ya que yo quiero sacar más de un simple 5 para a la larga me tengan en cuenta en cualquier trabajo.
Tendría a mis amigas, familia y a mi novio relativamente más cerca que si me quedase en París. Y claramente mi estado anímico estoy segura que se inclinaría a felicidad.
Aún asi, hay que sopesar bien las dos propuestas. ¿Profesional o Personal? ¿París o Granada? C'est la vie.


