
La Reina de los Upsell
La semana ha empezado genial. Empieza mayo y con eso fuerzas y ganas de hacer un mes redondo. Intentar hacer los menos fallos posibles, las mínimas faltas en francés y intentar hacer muchos upselings y miembros Meliá para que sientan que aunque no sea fuerte en francés lo soy en asegurar beneficios al hotel.
En efecto así fue. Estaba un poco deacaída después de enterarme que habían tirado mis 23 Melias rewards pero eso me da más razones para hacer aún más. Además, empecé a hacer upsellings de habitaciones con el objetivo de superar las cifras del resto de recepcionistas.
Toda la semana me tocó con Margot como chef de brigade, una francesa muy seria y poco amistosa pero que trabajo bien con ella y responde a los problemas efectivamente. Desde el lunes que empecé a trabajar hasta final de semana estuve haciendo muchos upsellings llegando al objetivo que pretendía, me felicitaban y todo! Ha sido maravilloso. Hay dos maneras de hacer Upsellings:
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Upsell Desayuno: 20€ por persona y por día (5€ más barato que si lo consumen directamente a la mañana en el restaurante.
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Upsell Habitación: que depende de la ocupación del hotel para que sea una cantidad u otra la que haya que cobrarle de más al cliente.
De este último es del que yo me propuse hacer dinero, y así fue. A final de semana conseguí superar los límites y en solo una semana había conseguido mil y pico de euros solo en upsellings de habitaciones.
Me manejé bastante bien, además tuvimos la sorpresa de la llegada de una recepcionista nueva, Sara. Camille se había ido de recepción y necesitaban reemplazo. Sara es una niña española pero ya con experiencia en el mundo de la hotelería parisina por lo que le era más fácil adaptarse a los movimientos del hotel. Además el idioma lo tiene manejado, algo que me da envidia porque yo a pesar del tiempo en Francia me sigue costando entender todo lo que me dice la gente.
El resto de semana fue bien exceptuando los problemas con el transporte que quiero detallar a continuación ya que por culpa de eso me vi en la obligación de mudarme de Cergy.
Bye Bye Cergy
Empecé el lunes, ya que al empezar un nuevo mes también se cambian los días de reposo. Esta vez los tengo martes y miércoles. Algo que en parte no me gusta porque supone que nisiquiera los domingos son mi último día.
El lunes fue la gota que culminó el vaso para decidir finalmente por cambiarme de casa a Paris y huir de Cergy. Salí como de costumbre a las 23:30 del trabajo aunque por una cosa y por otra acabas saliendo 20 o 30 minutos más tarde para terminar todo el trabajo. Salí a La Defense porque se supone que el rer A funcionaba, pero no. Llegué a la estación de París Saint Lazare más tarde de la cuenta y llegué a coger el último tren que salía para Sartrouville y a partir de ahí comenzó mi pesadilla.
Es media hora en el tren a la esación de Sartrouville, y una vez allí se coge el bus de sustitución hasta Cergy. Claro, yo llegué a coger el último tren y por tanto el último bus a Cergy sin saberlo ya que pensaba que esos funcionaban hasta más tarde. Me monté en el bus que iba a Cergy y me quedé dormida, eran sobre las 1 y pico de la mañana, después de estar desde las 15 trabajando, mi cuerpo me decía STOP LOLA, no puedo más.
Por mala suerte me pasé mi parada y me desperté en otro sitio que no conocía. Voy al conductor y le pregunto, me dice que me baje ahí mismo y me dice que vendrá otro bus de vuelta para volver a Cergy para hacer el turno de vuelta con el resto de viajeros. El problema era que NO había más autobuses de vuelta ya que él era el último.
Me quedé sola, en una calle desierta, sin farolas ni luces, con frío y miedo porque no es una zona buena, más bien no recomendada para pasear de noche. Empecé a agobiarme cuando llevaba ya 10 minutos y no aparecía nadie. De repente veo que dos hombres borrachos, vagabundos mal vestidos, y con botellas de alcohol en las manos entraban en mi misma acera y que me vieron y venían directos a mí. La situación fue horrible, pero por suerte vi un autobus que volvía de la lejanía. Era el mismo conductor que me había dejado en la calle.
Me monté sin preguntar poniendome en mitad de la calle para que me abriera la puerta antes de que llegaran los dos borrachos que ya estaban diciendome cosas. El conductor me dijo que no se había acordado que él había sido el último autobus del día y que ya no pasan más hasta el día siguiente. Por mis adentros pensé, menos mal. Pero cuando más tarde vi sus intenciones cambié de opinión.
Empezó a decirme que qué guapa era, que de donde venía, que cuántos años tenía, que si estaba casada o estaba soltera, y a encenderse un cigarrillo mientras miraba con caras de malas intenciones. Cuando me di cuenta de por donde quería salir, empecé a decirle por favor llevame a Cergy de vuelta, necesito ir a mi casa, es tardísimo y mañana trabajo temprano. Pero él no tenía intención de volver, me decía que ya había acabado su turno y que no tenía por qué llevarme a Cergy, que él iba a Poissy donde vivía y que yo iba a irme con él a tomarme algo. Empezaba a la vez a tocarme el brazo y no paraba de sonreirme y decirme guapa. No sabéis el agobio y los sudores que me entraban. Un autobús vacío, con un conductor desequilibrado, por calles oscuras que no conocía, sin ningún viajero más, y a las 2 y pico de la mañana. La cosa no pintaba bien, después de 40 minutos intentando adentrarse por caminos oscuros que nunca había visto antes, le imploré por favor que me dejara ir que no quería irme con él y que necesitaba dormir de una vez que estaba muy cansada.
Finalmente, después de ver mi agobio y las pocas reacciones que tenía hacia él, abrió la puerta del autobús y me dejó en mitad de la carretera diciendoe que Cergy estaba por ahí, señalandome hacia delante como si yo supiese donde estaba. Me vi otra vez sola, a las tantas de la noche, en una carretera de coches sin acera ni personas, sin internet para gps, con frío y expuesta a cualquier peligro, sin saber que hacer. Me empezó a entrar ansiedad y comencé a caminar sin rumbo viendo que al final de una de las carreteras había un camino como con luces. Pensé que donde hay luz hay casas y allí me dirigí. Intenté llamar a Ángel que era el único que posiblemente habría dejado el móvil en sonido pero lógicamente a las casi 3 de la mañana no me lo cogía. Después de andar y andar, encontré una señal que indicaba el nombre de una residencia que recordaba haber estado a principios de curso y fui hacia allí. Finalmente, por suerte de no tener ningún incidente de más, encontré un camino de vuelta y por fin, llegué a mi residencia llorado, con ansiedad, temblando y con la cabeza totalmente bloqueada.
A partir de esta pesadilla, decidí mudarme y salir corriendo de Cergy para olvidar todos los problemas y malos ratos vividos allí. Esto fue un lunes, el martes estaba ya como loca buscando alojamiento en París y alejarme lo más posible de aquello.



